Sanlúcar de Barrameda: El paraíso escondido

[Serxu Solares]

Sanlúcar de Barrameda: El paraíso escondido. En Sanlúcar de Barrameda se acaba el mundo, o empieza; de aquí partió la primera vuelta al mundo, hace ahora 500 años, en 1519. Territorio ligado al agua y a la tierra en el que son famosos sus vinos, especialmente la manzanilla y los langostinos. Pero Sanlúcar es mucho más, es un espacio en el que soñar, en el que desconectar entre sus gentes amables, siempre dispuestas a ayudar y sin mirarte por encima del hombro. Pero esta revista habla de gastronomía y como sabéis, mis viajes lo son para disfrutar de ella; así que trataré de recorrer ese Sanlúcar gastronómico sin olvidarme de algunos rincones que merece la pena conocer, aunque en ellos no nos den de comer.

A 100 kilómetros de Sevilla, sin comunicación directa por autovía, tocando la provincia de Huelva con las puntas de los dedos pero tremendamente lejos ya que el único acceso por carretera nos obliga a volver atrás, excepto para ir al camino del Rocío, que podremos atravesar el mágico parque de Doñana situado justo enfrente. Sanlúcar hay que vivirlo desde tierra, pero es impresionante desde el agua. Yo tuve el enorme privilegio de poder hacerlo de la mano de nuestro amigo Juan, del Bar Juan. Gracias a él, tuvimos la suerte de pasar un día entero en el agua, descubrir el barco semi hundido, sí, para los que en algún momento pensasteis que en la desembocadura del Guadalquivir había una plataforma petrolífera o similar, pues no, es un barco encallado y partido por la mitad, estuario de peces y ya visita turística marítima. Recorrer el Guadalquivir arriba y abajo y poder llenarnos de lodo hasta los ojos en la curativa orilla de Doñana. Pero quizá lo más atractivo de todo fue el desembarco en la oculta casi siempre isla de Juan Pul, que solo aparece con marea baja y en la que, si no andas muy bien de manejo, no es difícil encallar. Una jornada altamente recomendable y sin duda, merece mucho más la pena ir a la playa en la orilla de enfrente, en la zona del parque natural.

EL BARRIO ALTO

El barrio alto es el más auténtico de toda la ciudad, no apto para todos los públicos, está lleno de pequeñas tascas en las que poder disfrutar de una manzanilla, a veces fina, a veces pasada, pero siempre fresca. Nuestra base de operaciones es el Hotel Los Helechos, localizado en la plaza de la Madre de Dios, un 3 estrellas situado en una casa señorial del siglo XVIII, con habitaciones cómodas, sin lujos, siempre limpias y con un trato familiar. Es perfecto para olvidarse del coche, eso sí, o tenéis plaza de aparcamiento o ir pensando donde tirar el coche. Es un establecimiento que cuenta con 56 habitaciones divididas en planta baja y dos superiores, en la última cuenta con un solárium y piscina. Si salimos de ahí, de Los Helechos, tenemos dos opciones, salir de frente en búsqueda de la Cuesta de Belén, paralelos al mercado, o girar a la derecha por la calle Baños, hasta encontrarnos un callejón en la acera de la izquierda por la que unas escaleras nos llevan al barrio Alto. Para mi son las dos mejores maneras de llegar, no obstante hay mas caminos que llevan a nuestra particular Roma. Si lo hacemos por la parte mas conocida y comercial que es la Cuesta, llegaremos al Ayuntamiento y tomando a la izquierda veremos la iglesia mayor, el palacio de la Duquesita y hacia el otro lado la Plaza de la Paz. Aquí no caigamos en la tentación de varios de los bares (sigo pensando lo mismo muchas visitas después), con hermosas terrazas y anuncios sugerentes en pizarras reclama turistas. Sigamos caminando hasta llegar casi a la esquina y junto al BBVA y frente a la casa del partido comunista, está Antonio, un bar de esos que guardan el encanto de la tierra, para la mayoría resultará incomodo, pequeño, pero para nosotros está lleno de encantos, de conversación y de momentos agradables que siempre nos hacen regresar, dispone de una terraza de la que nunca hicimos uso, allí siempre solemos tomar el primer un vaso de manzanilla, acompañado de una tapita, unas olivas, un poco de morcilla, de butifarra, o una rodaja de chorizón. Aquí hay taperío, que nunca solemos disfrutar porque no es nuestro horario, pero en alguna ocasión caemos en la tentación de alguno de sus pescaitos fritos como el boquerón que hace con maestría.

A continuación saltaremos la llamativa terraza de El Conejo para continuar hacia la calle Monteros y casi en la esquina, junto a la carnicería, entraremos en El Manicomio, es el nombre que se le da a esta taberna de nombre comercial Kearte, allí con las paredes repletas de fotografías del mundo del flamenco, no será difícil encontrarse casi a cualquier hora a alguien cantando o tocando la guitarra de forma espontánea, no se asusten, es un lugar peculiar en el que tomar un vaso de vino, cuando hable de vino aquí siempre me voy a referir a la manzanilla, si piden un vino, les pondrán una manzanilla y si piden un mosto, les pondrán el vino blanco joven con el que luego se hace la manzanilla, pero sigo, ese vino lo acompañarán con alguna tapa de obsequio, muchas veces tortilla o queso.  Allí tendremos que dar marcha atrás en nuestro recorrido y caminaremos tomando a la derecha por la calle Jerez. A pocos metros, la primera a la izquierda nos encontramos con la calle Santiago; en ella hay un pequeño bar, El Rinconcillo, donde Maolito Damián, con sus aventuras de famoseo, os alagará con sus encantos y un vaso de buena manzanilla pasada, acompañada siempre de una tapa de cortesía que se vuelve especialmente interesante los sábados con el ajo y los domingos con el arroz. Allí poca más tapa podréis comer, mas allá de un poco de queso o de chacina, o unos ricos frutos secos de bolsa individual. Eso sí, guisa como nadie y si sois capaces de juntaros unos cuantos y convencerle, os preparará una buena comida al mas alto nivel gastronómico. Es un lugar de encuentro y tertulia que cada día me gusta más, siempre atento a la jugada y moviéndose con gran maestría. Volvemos hacia la calle Jerez y nos dirigimos a pozo Amarguillo, estrellándonos de frente con el Bar Juan, antes tendremos de nuevo una tentación, pero hay que ser fuerte y seguir el camino,  esta peña, no es un sitio para turistas, recuerdo que nos costó entrar 3 intentos, los dos primeros, él pertrechado en la entrada nos indicó que el dueño había salido, de manera que su guasa nos hizo buscar otros lares, pero ese bar, los que me conocéis ya sabéis que soy muy terco, tenía algo que me llamaba y me obliga a intentarlo, así que a la tercera, que dicen que es la vencida, le espeté, otra vez, que eres el guardián que siempre estas tú y nunca está el jefe?. El tono norteño, le sacó una sonrisa y dijo, es broma hombre, a partir de ahí, visita obligada en nuestros viajes. Aquí no esperes comodidades, ni traperío, ni grandes lujos, es un bar humilde, pero lleno de encantos, que no aparece en las guías, ni lo recomienda Carlos Herrera, ni esperes encontrarte turistas, mas allá de los intrépidos y valientes. Es un bar lleno de personajes y con la tranquilidad de un barrio humilde.   Ya en Pozo Amarguillo, si giramos a la izquierda, a pocos pasos está la Beli, este establecimiento ha cerrado, abriendo un local moderno en la Plaza de Jerez, para mi ha perdido todo el encanto que tenía y por lo tanto en mi última visita lo he sacado de la ruta. Nos volvemos para bajar Pozo Amarguillo, la calle mas transitada y con un tráfico loco de toda la ciudad, y pasando Juan, nos adentraremos en Los Aparceros, conocido por su famoso ajo que ponen a diario de tapa por las mañanas y si va al ritmo de ventas normal, hasta las 14 horas aproximadamente, a veces se acaba antes, si no la manzanilla nunca viaja sola, siempre hay un poco de menudo (cocido de  garbanzos con callos y otras viandas), o en temporada unas habas, o unos chochos (altramuces). Aquí merecen especial mención su brandy, el amontillado y el oloroso. Es otro de esos bares que tiene sitio para la barra y poco más, Manolito el de los Aparceros, siempre te recibirá con una sonrisa. Sin dejar el barrio alto, la penúltima parada de este recorrido, la tenemos que hacer, si Paco Félix nos deja, en La Herrería. Para llegar a ella saldremos a la izquierda donde a pocos metros nos sorprenderá la Pescadería de Ricardo Catapez con su oferta de pescados frescos, ahí giramos a la izquierda de nuevo y unas escaleras nos llevarán a la calle Trabajadero donde giraremos a la derecha y siguiendo la carretera nos estrellamos con La Herrería, una antigua herrería donde el padre de Paco Félix colocó una barra para ofrecer un vino a quien venía a calzar a sus caballos y hoy en día es un espacio gastronómico sin haber hecho ninguna obra desde sus orígenes o casi. Otro sitio para no asustarse, venir preparado para los mosquitos y dejarse sorprender por sus raciones a precios de risa, unos chipirones (no sean exquisitos, aquí no se limpia pescado), unos cachitos (carne ibérica en trozos), un poco de carrillá, creo que cualquiera de sus platos merece la pena, eso sí, tienen que saber que si lo que quieren es seguir tapeando, pidan medias y compartan entre varios o estarán perdidos. En la transición y recorriendo a la inversa otra de las maneras de subir al barrio alto nos encontramos con La Juli, una auténtica sorpresa que te atrapa sin darte cuenta, un bar sin letrero que pasa desapercibido en el número 58 de la transitada calle Sebastian El Cano, el mas antiguo de Sanlucar no tiene letrero, con 101 años a la espalda, lo regenta desde hace 40 Juli, tiene 70 aunque nadie lo diría, la mejor Gabriela (manzanilla) y siempre alguien con quien terminar charlando mientras te metes en la boca un salado bacalao o unas olivas gordal. Es un bar que hay que conocer y disfrutar.

MENOS HABITUALES DEL BARRIO ALTO

Situados en la Plaza de Jerez, si cogemos la calle de la izquierda caminaremos hasta encontrarnos la oficina de Mapfre y allí giraremos hacia la calle Menacho. Caminamos hasta encontramos haciendo esquina con un pequeño bar de nombre Manolín, otro sitio para la barra y poco más, un vino con una tapa de cortesía , un sitio que nos queda a desmano y al que íbamos más cuando terminábamos comiendo en El Navarro en la esquina ya con la calle Dorado. En mis últimas visitas este establecimiento ya se cayó de la lista, la calidad de la fritura en cada visita iba a peor y nuestro estómago ya no lo toleraba.

EL BARRIO MEDIO Y EL CENTRO

Si salimos de la Juli hacia la izquierda bajamos por El Cano y seguimos por la calle ganado, pasamos el cruce con Baños, el de la calle San Juan y llegamos a la calle de La Plata, allí justo en la esquina está Mil Pesetas, no siempre es parada, porque si no la ruta se hace muy larga, pero es otro establecimiento con encanto, sencillo, frio y de poca conversación, pero con una buena manzanilla y toda la magia de los bares sanluqueños. Si decidís bajar por la Cuesta de Belén, como hacíamos nosotros siempre hasta caer en las redes de la Juli te metes por la parte trasera del mercado y terminarás en la Trascuesta, en el Despacho de Vinos Las Palomas. Es uno de los sitios donde más a gusto nos encontramos, siempre bien atendidos y con detalles que nos hacen sentir como en casa, Pepe ya era así, cuando estaba empleado por el propietario del local siendo el despacho Bodegas Yuste; ahora lo sigue siendo, pero el negocio lo maneja a su antojo, manteniendo al equipo donde los primeras espadas, son Edu y Rafa con luego algún otro compañero de viaje en las épocas de mayor trabajo. No nos asustemos si nos toca Rafa a nuestro servicio, tiene ese carácter rudo y serio, cuesta sacarle una sonrisa y hay que tratar mucho con él para apreciarlo, en mi caso y el de Adriana ya hace tiempo que esto está conseguido y siempre el trato es fantántico. Edu es el que tiene el acento andaluz mas marcado, se darán cuenta enseguida por que marca la diferencia y Pepe está al frente del taperío, dirigiendo la orquesta y atento a la jugada. La barra suele estar presidida por las papas aliñás y algunos mariscos, casi siempre hay gambas o langostinos, pero también, galeras, cigalas, incluso algún buey de mar (ñocla en Asturies). Nosotros allí solemos preguntar cual es el guiso del día, al medio día suele haber uno o dos guisos, recuerden que estamos de tapeo, por lo que hay que pedir tapas. El chicharrón, (pídelo como lo prepara Pepe, caliente y con un chorrito de limón), el lomito ibérico, la paleta, alguna fritura de pescado, los boquerones y los salmonetitos y por supuesto el montaito de carne mechá, ese no lo perdonamos, el pan caliente con un poco de su manteca ibérica especial y la carne mechá dentro, es una maravilla altamente recomendada, eso sí solo por las tardes. Caminamos y atravesamos camino de la Plaza del Cabildo, advertencia esta zona está repleta de bares para turistas en los que siempre hay tanta gente, seguro  que te harás la pregunta de, ¿por qué Serxu no me los recomienda?; pues hazte otra pregunta mejor, si Serxu, que conoce muy bien Sanlúcar, no nos lo recomienda por algo será ¿no? Nosotros solo paramos en dos establecimientos de toda la plaza y alrededores; Barbiana, nunca en la terraza, ni en la barra pequeña, lo hacemos en la barra grande, donde Juan gobierna, de la mano de Fran, allí hacen las mejores papas aliñás, las mejores sin duda, sabrosas, en su punto ácido y de aceite y con una melva de primera división. La ensaladilla, tanto la tradicional como la de gambas, siempre sabrosas, el lomo de bellota de quitar el sentío y la paleta de bellota siempre buena. Aquí disfrutamos también del chicharrón de corte y si tu economía lo permite, de unos langostinos de Sanlúcar de considerable tamaño, eso sí, a 95 – 100 €/kg. lo que significa unos 8 € por pieza. Tienen una buena manzanilla fina, pero en nuestro caso, solemos comprar un magnum de la pasada que vamos tomando y que es mucho más sabrosa. Es un sitio turístico, igual que el resto, pero no se pueden ir de Sanlúcar sin probar sus papas aliñás. Otro sitio en el que nosotros no paramos, pero que si probamos es el afamado Balbino, con la mayor concentración de camareros por metro cuadrado del mundo, una barra llena de tapas, pero donde destaca por encima de todo las mejores tortillas de camarón que yo he probado en mi vida, solo por eso merece al menos una visita, nosotros solemos dejarla para las ocasiones en las que nos acompaña Maeve a quien le chiflan.

El otro sitio que solemos utilizar para nuestro disfrute se encuentra en capillita, La Bellotera, una tienda con unas mesas fuera altas y un par dentro, donde se come el mejor jamón de bellota de todo Sanlúcar, cortado con maestría a cuchillo, siempre perfecto, chicharrón frito y unos quesos increíbles, acompañados de manzanilla. Este no es un sitio económico, pero si proporcionado a lo que ofrecen con una calidad extraordinaria en sus productos y un buen proveedor para recordar Sanlúcar en tu vuelta a casa, llevándose por ejemplo las conservas Senra una selección de guisos tradicionales de la gastronomía sanluqueña hechos como en casa, es una conserva que no lo parece con el que quedar bien seguro, un regalo que lleva dentro un poco de esta maravillosa tierra, siguen innovando, incorporando referencias y buscando colaboraciones, hay un proyecto de pizzas que suena muy interesante y que cuando tenga la oportunidad de probarlas os contaré . Todos los demás lugares cercanos para nosotros son prescindibles. Nos salimos del bullicio y nos acercamos a la calle Bolsa esquina con Mar, allí está Pedro Hernández, un bar estanco, que mantiene el atractivo de lo antiguo, el precio del vino del barrio alto, pero que no es lo que buscamos, de vez en cuando un vaso allí y listo. Merece la pena la visita por lo bonito que es y para tomar una está bien. En la propia la propia calle Mar hay otros 3 establecimiento que merecen de vez en cuando nuestra visita. Casi enfrente de Pedro Hernandez está La Niña de Koke, grande, bullicioso, con opción de tapeo, una oferta en la que se puede parar o podemos saltar. Casi llegando al final de la calle en la dirección contraria al tráfico, es decir saliendo de nuestro último establecimiento a la izquierda y cruzando de acera está Vilimar una tienda de vinos en la que puedes tomarte un vino y tertuliar un poco de fútbol con su propietario exjugador profesional de fútbol. Finalmente y en el extremo contrario de la calle ya camino de nuestra siguiente visita nos encontramos la Taberna de Argüeso; en la propia bodega, el sitio más sofisticado de todos en los que paramos, con precios elevados y que si te quieres dar un capricho, pídete en la barra el espectacular Sashimi de Atún rojo y el chicharrón de atún, ambos fuera de serie, eso sí, ármate de paciencia. Ya de vuelta y antes de regresar a Los Helechos, hay dos paradas obligadas y una tercera cuando llegamos. Al inicio desde donde venimos de al calle Ancha, hay un callejón a la derecha, calle Santa Ana, ahí está La Taurina, un vetusto establecimiento que tiene al frente de la barra a Santi, un artista, tomarse una buena manzanilla y caer en la tentación de sus papas alioli, la carne a la cerveza negra con setas, el queso curado, el bacalao, la realidad es que se guisa fantásticamente y el trato es mejor aún. La otra es El Mosto Domínguez (el letrero dice Bodegón pescaito frito); este local es fácil de identificar, con un gran portón verde muy cerca de todo y lo suficientemente apartado para no contaminarse de excesivos turistas, en la calle Ruiz de Somavía, encontrareis un poco del barrio alto, manzanilla a los precios de arriba y tapas a precios razonables, sus capirotes de gambas, el adobo, gambas a buen precio. Es un sitio donde solemos tomar la última tapa antes del postre, Adrián es un excelente anfitrión acompañado de su lugarteniente Juanmi. El punto final, cuando llegamos, lo solemos poner en la Bodega La Cigarrera, una espectacular bodega, llena de botas, donde en su patio disfrutamos alguna vez de cena con flamenco en directo, pero donde siempre gozamos de su increíble Pedro Ximenez; esta bodega está muy cerca del mercado por una de sus entradas, ofreciendo la posibilidad de comprar en él y por 4 o 5 € te lo preparan. Es una oportunidad para poder probar el langostino de Sanlúcar si tu bolsillo no te permite pagar el precio de los bares, pero también de disfrutar cualquier pescado o carne.

EL BARRIO Y BAJO DE GUÍA

Seguramente cualquiera que haya leído algo sobre Sanlúcar alguna vez, estará diciendo, “este hombre no conoce la ciudad”, no citó Bajo Guía. Pues si claro que la voy a citar, como un sitio muy bonito para visitar, de paseo o por la playa, nunca os sentéis en una terraza o preparar la cartera, pero bien preparada, mi máxima recomendación es la barra del Poma. No obstante, si no tenéis problemas económicos, la materia prima que allí se mueve es de primera, hay sitios de mucho renombre como el Bigote, donde seguro disfrutareís de productos de gran calidad y magníficamente preparados, lo que ocurre es que a mi personalmente, lo que me gusta de Sanlúcar de Barrameda es otra cosa, son sus gentes, sus bares, sus tapas, una forma mucho mas ríca y económica de conocer la esencia de esta tierra. Pero perdiéndose caminando un rato por detrás de Bajo Guía, está el Barrio, una zona con bodegas y bares humildes pero muy interesantes, en el Callejón de Guía 22, nos encontramos con la mejor freiduría que conozco, donde a diario hay pescado fresco que se fría de la mejor manera posible y con el mejor aceite, la Peña Bética El Carlos, quizás no hay que mirar mucho para las paredes con algunas fotografías que pueden herir la sensibilidad política o futbolera, pero a mi eso me da igual, yo allí voy a comer pescao y tomate y esto lo hacen como nadie. El Carlos es otro de esos establecimientos que no tiene ni letrero, al que hay que ir sabiendo y preguntar que pescao hay hoy, calamares fritos, acedías, tapaculos, boquerones, salmonetes y gambas cocidas, de tu gusto depende, cualquiera de ellos estará perfecto. Además tienen un buen tomate para aliñar que siempre merece la pena pedir. Por supuesto acompañado todo de una rica manzanilla. En esa misma calle tenemos una asignatura pendiente que el El Pili en el número 16, el día que intentamos ir estaba cerrado y no hubo ocasión de parar, es que la visita a El Carlos suele ser la primera de día y siempre con objetivos mas largos. De regreso a nuestro habituales en la calle Rubiños esquina con San Salvador hay que parar en La Taberna der Guerrita, su manzanilla es de calidad, pero lo interesante de este establecimiento es su carta de vinos y su sala de catas en la que se organizan saraos enológicos muy interesantes y a los que hay que estar atentos.

SITIOS QUE VISITAR

Desde Bajo de Guía salen las excursiones a Doñana, podéis informaros en la Fábrica de Hielo. A 5 minutos de Bajo Guía tenéis la playa de Las Piletas, que empalma con la de la Jara y continua hasta Chipiona, también hay playa en la zona de Bajo Guía y sigue hacia el Baluarte de San Salvador, es otra visita interesante la de esta fortaleza, aunque desgraciadamente se encuentra en bastante mal estado. Para llegar a ella tenéis que dirigiros hacia Bonanza y entrar por la calle San Salvador y ya que estáis allí si vais en algún vehículo podéis continuar hacia las salinas de Sanlúcar Proasal y poco después os podréis adentrar en el Parque de Doñana, no circulando por encima de los 20 km/h. en este tramo os permiten pasar con el coche y luego volver con mucho cuidado (es poco recomendable para vehículos que no sean altos), por una carretera poco asfaltada que atraviesa el campo de Sanlúcar con kilómetros de líneas de huerta. Volvemos hacia la zona centro y tenemos una visita obligada. Hay que subir a la cafetería del hotel Guadalquivir, en su última planta al módico precio de un café 2,5 € tendréis unas vistas espectaculares de todo Sanlúcar con una terraza al este y otra al oeste. Callejear hacia la Plaza del Cabildo entrando por la Plaza de los Cisnes, donde hay algunas construcciones históricas muy bonitas. En la calle Capillita, casi frente a la Bellotera, está la Capillita del Carmen. Saliendo hacia la calle Ancha, tomamos a la izquierda y seguimos caminando. Cuando la calle se estrecha, continuamos hacia la Bodega Argüeso, encontramos justo al lado de ésta, en la esquina la Parroquia de Santo Domingo, una iglesia del siglo XVI construida a expensas de la Casa de Medina Sidonia. Seguimos caminando sin dejar ese mismo camino y llegamos a la Iglesia de San Francisco, merece la pena la visita interior con atractivos espacios con retablos impresionantes. Si al salir a la calle Ancha desde Capillita decidimos ir a la derecha, a pocos metros nos encontramos con la Biblioteca Municipal y justo detrás de ella la Iglesia de los Desamparados. Continuamos caminando, bien por la Trascuenta o por la calle Bretones, que nos llevan a la Cuesta de Belén y llegando al Mercado, lleno hasta la bandera normalmente por las mañanas y visita muy interesante. Al coronar la cuesta está el Ayuntamiento con unos jardines muy interesantes para visitar y poder hacer algo de “sesioneo”. Ya estamos en el barrio alto, a izquierda y derecha desde ahí nos encontraremos con viviendas tradicionales y algunos edificios con mucho atractivo. Si vamos hacia la derecha veremos a pocos metros siguiendo el sentido del tráfico la Basílica de Nuestra Señora de La Caridad, la bodega La Guita y cuando finalizas ésta, miras a la derecha y podrás hacerte el selfie en la Puerta de Rota. Bordeas entonces la bodega y por la calle Monteros (aquí ya habíamos estado antes en el Manicomio). Nos encotramos en la Plaza de la Paz y si vamos por la izquierda (aquí también estuvimos en Antonio) nos estrellamos con el Palacio de la Duquesa de Medina Sidonia (la Duquesita) y la Iglesia Mayor de Nuestra Señora de la O. Bordeamos la iglesia en dirección contraria al tráfico por la calle Luis de Eguilaz y vemos a derecha e izquierda  varios edificios de bodegas históricas la mayoría de Barbadillo, hasta llegar al Castillo de Santiago, muy bien conservado. Aquí tenéis la opción de pasear por fuera o pagar la visita interior. Justo al lado del castillo se encuentro el Museo de la manzanilla de Bodegas Barbadillo y entre uno y otro hay una calle que te lleva de nuevo abajo; no obstante, yo os recomiendo bajar por la otra cara por la calle Cava del Castillo, donde nos encontraremos un monumento muy atractivo a los fusilados en Sanlúcar por la defensa de la República. Y allí nos encontramos un palacete lleno de encantos y unas escaleras que te llevarán abajo también. Finalmente, y si estáis en la fecha, no os podéis perder las famosas carreras de caballos en la playa, o las procesiones de Semana Santa, independientemente de las creencias ver bajar o subir los pasos por la Cuesta de Belén es impresionante. Ya os lo podréis imaginar los que la subáis andando.

VISITAR ALGUNA BODEGA

Estando en la tierra de la manzanilla y de los vinos generosos hay que visitar una bodega o varias y descubrir el “Milagro Andaluz”. Hay muchas que tienen visitas y en casi todas estas son total y absolutamente turísticas, hechas, por lo general, por guías turísticos cuyo conocimiento es mucho mas histórico que técnico, pero así y todo nos encontramos con algunas personas muy apasionadas que nos contarán las cosas muy bien. Todo depende de lo que busquéis y que tipo de viajeros seáis. Casi frente al hotel Gualdaquivir está Hidalgo La Gitana, es una bodega gigante con visitas diarias y bastante interesante, se puede hacer con niñ@s, aunque es muy probable que se aburran. También por el centro tenemos La Cigarrera (ya conocemos su taberna), Argüeso, de las visitas más técnicas, no es muy grande, pero si muy bonita (también conocemos su taberna) y Bodegas Portales Pérez, la mas pequeña de todas, visita con cita previa, pero merece la pena, es la visita mas técnica con diferencia de todas, la más fácil visitar más privada y con una cata de vinos que si se acerca el propietario será mucho mas interesante. Además, saliendo hacia Chipiona junto al hospital nos encontramos con la bodega de Delgado Zuleta, y junto al castillo de Santiago la de Barbadillo, para mí la mas turística, concurrida y aburrida, pero merece la pena ver sus enormes bodegas llenas de botas. Estos son solo algunos ejemplos de las muchas que hay.

En definitiva, Sanlúcar es un sitio donde encontrarse bien, un destino lleno de magia y del que es muy fácil enamorarse. Conozco varios casos de personas que llevan visitándola 20 o 30 años, algunos que se compraron casa y pasan largas temporadas y otros como yo que no podemos resistirnos a visitarla 5 o 6 veces al año. Pasar unos días en Sanlúcar es desconectar, cambiar el ritmo y vivir de otra manera, pero para ello hay que conocerla, hay que vivirla como la viven sus gentes, si no, serás un turista más y seguro que no la descubrirás en su esencia.

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